SÁBADO 18
NOVIEMBRE

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Nuestra historia de antaño, en el bicentenario de la ciudad de Dolores, Buenos Aires, Argentina

Por Noé Zenón Suárez Casielles.


Mi querida ciudad de Dolores, la que me vio nacer, aquel día 21 de Octubre de 1944, en la vieja casona de mi abuela materna, Doña Fermina Anza Urquiza Agorreta, en la calle General Rico 760, cuyo padre fuera alcalde en la estancia de Acosta en Monsalvo.
Dice mi poesía, un Soneto, en su comienzo, recordando el acontecimiento: Al igual que un rayo, allá en el empedrado- que adornaba Rico, una tarde cualquiera,- vine al mundo en este pueblo adorado- de la histórica Dolores, en primavera.-…
De su muy rica y abundante historia en sus primeros doscientos años de vida, con un triste acontecimiento en su principio, el malón de 1821, que dirige Luís Molina, quién vuelve a aparecer por Patagones, en donde derrota, a los portugueses que querían entrar en nuestro territorio; pero, por el año 1829 aparece luchando con los indios pampas, apoyando a Rosas y a López, en lucha contra el General Lavalle, lo vencen el 7 de febrero de ese año en Junín, las fuerzas capitaneadas por el Coronel Isidoro Suárez, héroe Rioplatense, que marchó junto al General San Martín con otros cuatro Suárez más en la epopeya libertadora.
La ciudad, su campo y su gente desde la fundación han sabido abrirse un camino promisorio.
Su fundador, el Capitán de Blandengues Don Ramón Lara Rodríguez, desde que se funda el Curato en 1817, acompaña al padre Francisco de Paula Robles, y desde el comienzo del pueblo en 1818, al igual que el lugar de concentración de los prisioneros durante la guerra de la emancipación en el Río de la Plata, que enviaba tanto, San Martín, como del Norte y de Montevideo. Este lugar, ubicado a legua y media de la capilla de Dolores, durante el gobierno de don Juan Martín de Pueyrredón.
En la página 145, del libro “El Capitán Ramón Lara” de Don Atilio Roncoroni, se pude leer, respecto a lo que expresa el Padre Robles: “Que hallándose el depósito como legua y media de la Capilla de Dolores, siendo mejor, sin comparación, el terreno que solicito para su existencia, así por el aliciente de la situación, como por otras comodidades propias de su localidad, del mismo modo suplico a V.E. se designe mandar que se traslade dho, (debe querer decir dicho) depósito al anunciado paraje, previas las cautelas o seguridades que sean del supmo. (Textual) Agrado de V.E., pues así será más fácil el progreso de la población, se conciliará el contentamiento de los prisioneros, y no será dificultoso que estableciéndose o radicándose con prosperidad contraigan enlaces indisolubles, conexiones o amistades que los alivie, y les inspire amor y agradecimiento al País, y a sus Autoridades constituidas; así es gracia que también espero alcanzar de V.E.,”. En este párrafo, podemos apreciar algo del pensamiento del Padre Robles, en el momento que se gestaba la ciudad.
Lara, también había puesto en funcionamiento primeramente el Fortín Kakel Huincul en campo de Ramos Mejía, que luego hereda su hija Magdalena, casada con Elia, y después continuaron sus descendientes hasta hoy.
Don Ramón, es quién sirve de nexo con todos los movimientos y emprendimientos al Sur del Salado, había adherido a la Revolución de Mayo, ya en 1814 era Capitán de Milicias en Chascomús, fue enviado por el Comandante de Fronteras al Sur del Salado. Desde 1815 designado Teniente Alcalde de la Banda Oriental del Río Salado, se convirtió en la primera autoridad de la región. En 1815 también funda Kakel Huincul, una guardia por los pagos de Ramos Mexía, cerca de la ciudad de Maipú, en 1816 es Capitán del 5º Regimiento de Milicias de Caballería, Kakel se convertía en guardia de frontera a su cargo. Teniente Alcalde, seguro que el hombre de más confianza de todos los hacendados de la región y de las autoridades del momento, hijo de una familia respetable y de muchos años en el lugar, en donde estaban emparentados o de mucha amistad, teniendo el coraje que muchos no tuvieron y la responsabilidad de sumo patriotismo. Era hijo de Don Bernardo Lara, también Teniente de Milicias y de Doña Petrona Rodríguez, hija de terratenientes de la Magdalena, y los padrinos de bautismo en la Ensenada, fueron don Manuel López Osornio y doña María Ignacia Llanos, que pertenecían a antiguas familias del Pago de la Magdalena, como la mía, que luego compraron tierras que fueron de Don Lorenzo Lara, dadas por el Rey en 1640. Se casó dos veces, en primeras nupcias con Doña Olegaria Martínez, y luego al quedar viudo, en Dolores se casa con Doña María del Tránsito Navarro, hija de Pedro Pablo Navarro y de Doña Bernabela Gómez, dejando unos cuantos descendientes.
Del libro de Don Atilio Roncoroni, referido a Ramón Lara, el que fuera mi profesor de historia, en el Normal, en el que Lara, haciendo referencia al mal momento de aquel malón de 1821, en una carta con fecha, de diciembre de 1825 y que fuera publicada, en su libro “Centenario de la Creación de los Tribunales del Departamento Judicial del Sud”(página 134), dice así: “Que el 6 de septiembre del año 21, obtuve mi licencia y separación absoluta del servicio por el estado de total quebrantamiento de mi salud, de resulta de heridas graves que recibí en una acción empeñada con los bárbaros en las inmediaciones de la sierra de la Tinta. Desde aquella época hasta el día, recién he logrado restablecer mi salud. Con este motivo he pasado a recorrer la campaña del Sud, en solicitud de alguna hacienda de mi propiedad que hubiera podido haber quedado extraviada cuando los bárbaros me saquearon e incendiaron una estancia en Monsalvo, y un puesto también con haciendas en las inmediaciones de Dolores y una casa dentro del mismo pueblo, de donde me llevaron cautivas diez y siete personas de mi familia (incluso una ciega)”. He aquí, una historia para meditar, y reconocer la entereza de esa gente que nos legó con su sacrificio, las bondades que hoy tenemos, como yo valoro de mis mayores, que también vivieron lo mismo, por ser del pago de Don Ramón y descendientes de esas familias.
El Capitán Lara era un hombre acostumbrado al campo, al igual que el General Martín Rodríguez, les tocó recorrer estos pagos, en donde dejaron su recuerdo en los albores de la ciudad y de la patria, siendo éste último, Gobernador de Buenos Aires.
Además sabemos, que el que permitiera ocupar estas lomas de tierra, que tenía bajo su explotación, fue, Don Julián Martínez de Carmona, y estuvieron en Monsalvo, a pesar de las inclemencias y pantanos, don Miguel González Salomón, don Pedro Antonio Paz, don Leonardo Piedrabuena, don Domingo de Lamadrid, don Antonio González, entre otros, para concretar lo decretado sobre la creación del Curato, en la Asamblea llevada a cabo, cerca de lo que hoy es estación Segurola, pasando Santo Domingo, unos 25 kilómetros más o menos.
Allá por el 1821, fueron nombrados los representantes de los estancieros, en los siguientes hombres de campo: Don Juan Miguens, vecino lindero de mis tatarabuelos, Don Joaquín Suárez, Don Lorenzo López, Don Agustín Lastra, Don José Domínguez y Don Mauricio Pizarro.
Esto pasó en Centenario de la ciudad de Dolores; escribe en su libro titulado, “Ramón Lara” el Dr. Roncoroni, que los señores Hércules Novara y Federico Quevedo Hinojosa, en la redacción de “El Nacional”, dijo textualmente: “Hay seguridad absoluta de que el pueblo de Dolores fue fundado por don Ramón Lara, con autorización del Director Pueyrredón, en el año 1818, en el terreno de legua y media que fue donado, al efecto, por el rico y generoso hacendado de noble y muy rancia alcurnia española don Julián Martínez de Carmona”. (Página 9).
“También Ángel Justiniano Carranza, en su libro “La Revolución del Sur” (Página 178), dice claramente: “Fundaron a Dolores, don Ramón Lara, hijo de Buenos Aires y descendiente de antiguos hacendados del Pago de la Magdalena y el rico propietario don Julián Martínez de Carmona, ciudadanos útiles, cuyos nombres nos complacemos en salvar de las nieblas del pasado”.
Lo que no podemos negar, es que este pueblo, que hoy es una gran ciudad, nació con toda la hidalguía, de hombres con sus errores y defectos, que se aventuraron al desafío de peligros, que les ofrecía la pampa al sur del Salado. Pero, también sin miedo, en un presente expectante y utópico, que daría el fruto del mañana, tal vez pensando en su descendencia, lo que nosotros estamos viviendo hoy y también los que vinieron después a poblar este lugar, la Bendita ciudad de nuestra Señora de los Dolores, logro de esos abnegados pobladores, que desde la misma Buenos Aires, se animaron a cruzar el Salado y fundar ciudades que hoy nosotros disfrutamos, que hicieron con sacrificio, otros. Merecen un eterno agradecimiento.





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